Gaita electrónica vs tradicional, ¿está justificada la rivalidad?

La primera gaita electrónica patentada de la historia fue la de Alberto Arias, Miguel Dopico y el gaitero asturiano José Ángel Hevia, a principios de los 90. Juntos desarrollaron una gaita MIDI, aquella provista de un estándar tecnológico que le permite comunicarse y conectarse con otros instrumentos.

El uso que Hevia ha dado a este instrumento, a lo largo de su carrera, le ha reportado gran cantidad de críticas vinculadas a la legitimidad y autenticidad de un tipo de gaita que anula uno de los símbolos de la misma: tener que soplar. Aunque han salido gaitas electrónicas en las que hay que soplar y han pasado casi 30 años el debate gaita electrónica versus tradicional aún está candente. Por eso, hoy en A Píntega Marela, tratamos el tema.

La gaita electrónica, un instrumento de más de 50 años

De los inicios hasta el MIDI

Como decíamos en el arranque, la primera gaita electrónica que fue patentada es la que ha marcado la carrera de José Ángel Hevia. También es la más famosa en España y la que ha traído más cola en nuestro país.

Sin embargo, en una fecha tan temprana como 1962 (o no tanto porque, en esa época, ya existía la música electrónica), según el Manual electrónico de instrumentos musicales, de ese año, de Alan Lockhart Monteith Douglas, ya existían gaitas electrónicas, aunque no en el mercado. Estas funcionaban por medio de transistores.

Ya en la década de los 70, el ingeniero y gaitero texano Bazzell Ray Cowan creó la Bazpipe, una gaita electrónica que generaba un sonido muy similar al de una gaita tradicional. La Bazpipe “esconde” todo aquello que la convierte en electrónica en el fol o fuelle del instrumento: contactos de metal chapados en oro conectados a una placa base, transistores y un altavoz, todos alimentados por una batería de 6 voltios (en los 90, ascendía a 9 voltios).

En torno a los años 80, surgieron las gaitas electrónicas programables de Ross Technologies, que podían tocar diferentes teclas y, así, servir de acompañamiento para distintos instrumentos. Este modelo generaba el sonido de la gaita tradicional de Escocia y, también, de otros instrumentos.

Los últimos modelos de esta gaita electrónica disponían de MicroPipes (un chanter para practicar con la gaita solo con auriculares) y de MidiPipes, que otorgaban sonido wavetable realista, además de capacidad de salida MIDI.

A comienzos de los 90, Anders Fagerström desarrolló un emulador de tuberías electrónicas de conjunto completo, tanto para gaitas escocesas como para gallegas y suecas. Por su parte, Manfred Deger de Alemania hizo lo propio con las tuberías electrónicas para las gaitas escocesas con MIDI.

La gaita electrónica multitímbrica, la aportación de Hevia y compañía

Con este instrumento, Hevia interpretó todas las composiciones de su segundo álbum Tierra de Nadie (1998), trabajo con el que vendió más de 600.000 copias en España y, en torno a los 2 millones globales.

Este tremendo éxito dio una nueva dimensión a la gaita, en general, y a la electrónica, en particular (Hevia fue el primero en utilizarla en música comercial). De hecho, desde entonces, la gaita electrónica está reconocida en toda Europa como un instrumento de gran versatilidad, ideal para los nuevos discursos de interpretación de la gaita en el continente.

Eso en cuanto a la tecnología MIDI, ya que, respecto al adjetivo multitímbrica, la gaita electrónica de Hevia, Arias y Dopico reproduce sonidos de diferentes modelos de gaita (escocesas, gallegas, asturianas y francesas), zanfona, acordeón, violín o flauta.

Desde los 90, la gaita electrónica ha evolucionado, tanto de la mano del propio Hevia como de otros desarrolladores, como Ramón M Castro y José Antonio García (cuyo vPipes permite hacer glissandos) o José J. Presedo (su Master Gaita tiene un punteiro de gaitas, un conector USB, otro MIDI y un transmisor MIDI que permite a este instrumento sonar de forma inalámbrica).

En la actualidad, la inmensa mayoría de las gaitas eléctricas disponen de capacidades MIDI e interfaces integradas. Recientemente, se ha presentado una nueva con una especie de fol, que puede conectarse al móvil.

¿Es la gaita electrónica una gaita de verdad?

Para responder a esta pregunta, lo primero que hay que hacer es definir qué es una gaita ateniéndonos a diferentes criterios.

El primero tiene que ver con el aspecto exterior. En la actualidad, las gaitas tradicionales contemporáneas presentan una apariencia diferente a las gaitas del pasado, puesto que su fol está hecho con goretex y no con la tradicional piel, además de que, en diversas ocasiones, los pallones se fabrican de plástico y metal (aunque todavía existan los de caña, que son mucho mejores).

¿A dónde queremos ir con esto? Pues a que, a pesar de los cambios en diferentes materiales, la gaita actual tradicional sí se considera una gaita de verdad, cuando ha cambiado bastante respecto a la que se tocaba en el siglo XIX, por ejemplo.

Si este criterio queda anulado como forma de demostrar qué tipo de gaita es digna de llamarse así y cuál no, el descrito a continuación ya desmonta todo el polémico debate: los sonidos generados por los instrumentos.

En ambos casos, los sonidos son los propios de las gaitas tradicionales, aunque las versiones modernas incluyan materiales distintos a los de siempre o engranajes electrónicos. Por tanto, si el sonido que nace es el propio de la gaita, tanto la gaita tradicional con nuevos materiales como la electrónica son gaitas de pleno derecho.

Además, si lo piensas, no existe debate sobre si la guitarra eléctrica es o no una guitarra o si el piano eléctrico es un piano. Entonces, ¿a qué se debe esta larga polémica? A la eterna lucha entre la tradición y la modernidad.

Los tiempos cambian y la tecnología avanza al servicio, también, de los instrumentos y músicas más enraizadas con los pueblos. Esta es una magnífica manera de que todo el patrimonio cultural pueda pasar de generación en generación de una forma mucho más segura que en el pasado.

Por tanto, disfrutemos del sonido de las gaitas y que cada uno escoja la que más se adapte a la música que quiera tocar. ¡Lo importante es disfrutar tocando y sintiendo cada nota!

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